viernes, 22 de agosto de 2008

Game Over...


Ja. ¿Nunca les pasó el verse metidos en algo que al principio les resulto extraño pero después se les volvió algo tan rutinario que se sintieron dueño y señor del territorio? A mi me pasa todo el tiempo, y déjenme contarles que así me pasó.
Me compre un juego tan lindo, ese donde las instrucciones te llaman la atención y una ves puesto arriba de la mesa, lo miras, lo analizas y te fijas la mejor jugada que podes hacer para no caer con el puntaje mas bajo que los demás. El primer día te sientes mal, perdiste, pues no sabes jugar. A la semana le empiezas a agarrar la mano, parecía complicado pero te das cuenta de que no, de que tan solo con dos dedos puedes hacer que los dados den 6 y ganes la partida.
Te entusiasma ver como los resultados te favorecen, eres el mejor jugador entre tus amigos, ellos te hacen sentir así, te vuelves adicto a ese nuevo juego, olvidándote prácticamente de todo lo demás.
De repente tus pensamientos cambian, tu mirada no brilla mas, te sientes cansada todo el tiempo, triste, feliz, callada, con ganas de gritar. No entiendes, quieres callar esas voces que te perturban la cabeza todo el tiempo. Le temes a tu propio reflejo, huyes de él, te vas convirtiendo en otra persona, te dejas caer.
Ese lindo juego ya no te entusiasma más. Te peleaste con el mundo por obsesionarte en jugar. Lo guardas en la caja, adentro de un cajón, cuando te levantas al otro día se encuentra nuevamente sobre la mesa, abierto, con los dados fuera de su estuche y un enorme botón con letras que forman un gran ON.
Gritas, gritas muy fuerte, ¿No lo habías guardado? ¿Qué es lo que pasó? Ese juego ya no te agrada, te asusta, le temes, no lo quieres escuchar nombrar más! Lo ves diariamente por tele, lo lees escrito en algún lado, personas que le pasa lo mismo que a vos, sentimientos que se te confunden, nostalgia profunda a no sabes qué.
Pasan los días y ya hace años que ese juego no deja de dominarte. Estas cansada de jugar, por un instante logras que quede guardado en el cajón, pero sin razón, o por miles de razones que tienen demasiado sentido, vuelve a aparecer sobre la mesa, esperando a que juegues, a que pueda dominarte, hacer que con esos dos dedos con los que manejas los dados te haga ganar, pero… ¿Ganar qué?
Recorre tu interior, quema por dentro, rompe ilusiones, te nubla la vista, avanza silenciosamente… enfermedad que no grita pero susurra.
Te lamentas de haber caído en él, aunque aun no entiendes bien qué fue lo que te hizo comprarlo, lamentas haberlo hecho, pero hay cosas que no tienen vuelta atrás, una ves que te vuelves adicto al juego éste no te dejará en paz.
Después del juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja.

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