Lentamente se despide la madrugada, poco a poco empieza a salir el sol, las nubes desnudan la mañana, desvanece suavemente el temor.
Me levanto y ahí estas, tan dulcemente durmiendo a mi lado, respirando el aire que corre por la habitación, enredado entre mis brazos, llegando así a mi corazón. Abres los ojos, me acaricias con un “hola” de tus labios, me sonríes y para mi no hace falta nada mas, después de una noche donde te sentí mío por un momento, solo queda esa sonrisa como regalo final.
Te acaricio, tu me besas y por un momento surge un abrazo que pretende no desaparecer, me dices al oído que me quieres y yo te respondo con un “yo también”, se cruzan nuestras miradas y en ellas toda la verdad, simpatizan nuestras palabras haciendo del momento un lindo despertar.
Fundida en mi piel llevo a la tuya, tu aroma ya es mas que peculiar para mí, se repite el eco de tu risa en mi memoria y se reproduce una y otra vez el momento feliz que me has hecho vivir. Hormigas, arañas, una historia especial, donde el rey del mágico reino convertía sueños en realidad.
En plena oscuridad escucho tu vos, ese dulce sonido que me hace temblar, tus manos tomando las mías, un instante del cual no quiero escapar.
Y lentamente se despide la madrugada, poco a poco empieza a salir el sol, las nubes desnudan la mañana y con ella se desvanece este sueño que tan real se sintió.
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